¿AMOR o MIEDO?

La elección de la salud o la resignación.

¿Recordáis las ocasiones en las que fuisteis cuestionadas por dar pecho en espacios públicos a vuestras criaturas?
¿O las veces que vuestro pediatra o familia, os recomendó no hacer colecho?
¿Y las veces que el dentista os aseguro que la lactancia materna creaba caries?
¿Y la experiencia de ser acusadas de «mamitis» en escolarización de vuestros peques?
¿Y qué me decís de las acusaciones de malcriar por atender al llanto?

Son muchos los ataques de la visión social oficial, ante la opción de la «diferencia» en la crianza y la educación.
Y, sin embargo, hemos defendido la salud emocional de nuestros hijos/as pese al señalamiento social. Nos ha costado, pero hemos logrado muchos derechos saludables:

  • El derecho al parto natural y a ser acompañadas en el acto de dar vida.
  • El derecho a la lactancia natural y prolongada.
  • El derecho a acompañar los procesos madurativos desde la Empatía y el respeto.

En definitiva, el derecho a la vida.
¿¿¿Y ahora???
¿Qué está pasando ahora? ¿Ya no podemos ser coherentes con estas opciones vitales que defienden la vida y la Salud en la infancia y adolescencia?
¿POR QUÉ?
Por una sola razón:
POR MIEDO.
Miedo inoculado a morir y a enfermar.
Y ante ese miedo bombardeado sistemáticamente, claudicamos y nos resignamos y renunciamos a Sus derechos vitales:
Jugar al aire libre.
Socializarse.
Ser y vivir como niños-niñas y adolescentes.

En definitiva: renunciamos a su derecho a CRECER SIN MIEDO.

Defender la vida, jamás es ser negacionista.
Los virus y bacterias existen.
Ser negacionista, es aceptar el MIEDO como medio de vida y de sumisión a-crítica.
Defendimos el parto natural y la lactancia.
Defendimos la Crianza respetuosa.
Defendemos la vida.
NO perdamos la coherencia.
NO criminalicemos a la infancia como portadores de muerte y enfermedad. Cientos de estudios lo cuestionan.
Seamos coherentes en tiempos de caos y confusión.
La Infancia y la Adolescencia, lo merecen.
NO a la resignación.
NO neguemos el derecho a la vida.
NO somos robots.
La salud, es cuidar el bienestar biológico, Si.
Pero sin ignorar LA SALUD EMOCIONAL Y Social.
Y tanto la salud emocional como la social, están siendo sistemáticamente pisoteadas e ignoradas.
¿Es eso vida?
Ningún virus justifica estos atropellos.
La solución no es el miedo ni la sumisión.
La respuesta está en la Prevención y la salud.
Y sin respeto a su bienestar emocional, y social, sólo hay supervivencia resignada y sometida sin justificación alguna.
La salud y la Prevención, IMPLICA LA DEFENSA DE:

  1. Ratios reducidas y en espacios al aire libre: Redunda en beneficio de la calidad de enseñanza y reduce el paro de profesorado.
  2. Apertura de Parques infantiles: derecho al juego y la Socialización.
  3. Ninguna información debe estar basada en el MIEDO para lograr obediencia.

BASTA DE ATROPELLOS.
POR UNA INFANCIA Y ADOLESCENCIA SANA Y FELIZ.

Yolanda González

Presidenta de APPSI​

¿Cuántas crisis más serán necesarias para cambiar?

Una mirada retrospectiva rápida, permite afirmar que todas las etapas de la historia de la humanidad, están inundadas de mayor o menor sufrimiento en diversas áreas de la vida.

En todas las épocas conocidas, la actitud destructiva del ser humano ha estado presente bajo múltiples justificaciones históricas a través de guerras, colonizaciones, imperialismos, etc. destapándose los rasgos de carácter más oscuros y cuestionables del ser humano: rasgos que entrañan desprecio, poder e ignorancia de unos pocos sobre la mayoría, de los denominados «fuertes» sobre los más «débiles» en aras de ideales perversos que degradan a nuestra especie frente a cualquier otra del reino animal.

Como una realidad y también una forma de paliar nuestras conciencias, miramos los logros de nuestra especie caracterizada por una gran potencialidad para la realización de asombrosas creaciones en todos los ámbitos de la ciencia, la cultura y el desarrollo. La ciencia, nos descubre universos desconocidos y nos deslumbra con sus posibles aplicaciones en todos los ámbitos de nuestra existencia, aunque no siempre respetuosas con las leyes de la naturaleza.

¿Por qué ante tanta potencialidad creativa humana, se contrapone una fuerza tan destructiva, disfrazada de guerras tribales o imperialistas según las épocas? ¿qué ocultas emociones empujan al ser humano a despreciar la Vida en su sentido más amplio?

Podemos quedarnos en este análisis, refugiándonos en un «siempre ha sido así» Pero también podemos ir más allá, tratando de adentrarnos en las emociones humanas que se encuentran en la antesala de los conflictos.

El imperialismo no sólo afecta a los pueblos: También impregna desde hace demasiado tiempo, el mundo emocional de los seres humanos desde la más tierna infancia. En todas las esferas de nuestra vida cotidiana, la llamada razón (demasiadas veces «sin razón), se impone sobre la emoción, ahogando su expresión como vehículo de comunicación. Se presentan como antagónicas, capacidades que son complementarias, en un intento fallido de hacer del niño-a un ser «duro» capaz de afrontar los sinsabores de la vida, ahogando desde la raíz y de muchas formas, su anhelo de vivir.

¿Cuál es el resultado, si observamos el funcionamiento de nuestra sociedad? Salvo gozosas excepciones, en general y con diferentes grados conseguimos un adulto duro que no fuerte, insolidario, que ya no se escandaliza ante tanta destructividad y que se encuentra sumido en la impotencia ante la injusticia y sufrimiento humano.

¿Cuál es el origen?

El carácter de cada uno de nosotros, se forma en los primeros siete años de vida. Durante esta etapa crucial del desarrollo psicoafectivo, se forman las bases de la futura personalidad adulta. La percepción del mundo interno y externo, depende en gran medida, de esos primeros años de vida y de cómo se haya conformado el universo emocional desde el ambiente familiar y escolar. De ahí la importancia de un profundo abordaje preventivo.

Las emociones destructivas, que conllevan desprecio, deseo de poder y humillación de unos sobre otros, tienen su origen en la vivencia de la frustración afectiva durante los primeros años de vida. Los grandes dictadores, tanto a nivel político como a nivel familiar, han sido niños-as desprovistos del más mínimo respeto por sus necesidades de atención, afecto y consideración cuando tan sólo eran unos bebés que reclamaban unos brazos ante su llanto desesperado o unos niños-as asustados ante la autoridad paterna o escolar.

Las revoluciones sociales, son siempre un fracaso sino conllevan una revolución interna familiar, que consoliden los cambios externos. Reproducimos permanentemente, modelos autoritarios o demasiado permisivos pero carentes de calidad humana en ambos casos.

Perpetuamos de padres a hijos, la ausencia de ese vínculo afectivo seguro, a través de la transmisión intergeneracional de patrones educativos poco saludables.  Ese apego seguro cálido y firme, tan necesario en la primera infancia, único antídoto ante la barbarie y destrucción humana.

Sólo preservando el derecho a un desarrollo emocional saludable desde el inicio de la vida y durante la etapa crítica de la infancia, podremos frenar este viaje colectivo hacia la locura. Y para ello, nos debemos de cuestionar profundamente, si nuestro ritmo de vida, nuestras prioridades como padres y madres y educadores, están acordes con las necesidades de los más vulnerables: los niños-as. No se trata de modelar a las criaturas a nuestro ritmo deshumanizante, sino desacelerar el nuestro, conociendo sus necesidades emocionales, para poderlas respetar.

La ciencia, el avance tecnológico occidental, ha cometido un grave error:  abandonar el cuidado de la primera infancia, como única medida preventiva capaz de evitar cualquier desastre posterior a nivel micro-familiar y macro-social.

No se trata de buscar medidas preventivas en la adolescencia, o paliativas ante el maltrato familiar. No se trata de parchear.

Se trata de afrontar en profundidad un hecho palpable:

Nuestra especie está caminando hacia la autodestrucción de su gran potencialidad humana, al mismo tiempo que arrasa el ecosistema del planeta. No podemos ignorar por mucho tiempo más, que existe una alternativa viable, constructiva y acorde con nuestro anhelo profundo de bienestar: partir de la asunción de nuestra responsabilidad como adultos ante los portadores de la antorcha del mañana: los niños-as de todo el planeta, potenciando cambios estructurales profundos y saludables.

Las madres-padres, educadores y sociedad en general, tenemos en la propuesta de la Prevención Infantil, una respuesta reflexiva ante los actuales modelos de crianza y educación, siendo beneficiarios directos los más vulnerables: la primera infancia. Y para ello, es fundamental una formación profunda, continuada y adecuada, en todos los ámbitos que interactúan con la infancia

 

Yolanda González.

Psicóloga clínica.

Formadora  en Promoción de la salud Prevención Infantil.

Presidenta de APPSI

GUIA ORIENTATIVA: Alivio del confinamiento infantil.

Después de este duro encierro de seis semanas para la infancia y adolescencia, se recupera el derecho a salir a la calle para los menores de 14 años. Son los adultos los que deben VELAR por su seguridad. Conocemos las condiciones dictadas. A continuación comparto una guía orientativa para acompañar esta nueva circunstancia:

  1. Salir SIN MIEDO y con RESPONSABILIDAD Adulta: No es saludable ni educativo utilizar EL MIEDO, ni el chantaje para lograr OBEDIENCIA.
  2. ANTICIPACIÓN: Las nuevas normas deben transmitirse con claridad, en un entorno sereno pero también con la natural alegría compartida: la recuperación parcial de la calle y del movimiento.
  3. INFORMACIÓN: Debe ser adecuada a cada edad, respondiendo a todas las dudas y aceptando como naturales, las quejas infantiles y adolescentes ante las limitaciones.
  4. ACUERDO: Es aconsejable asegurarnos de que los mayores de 6 años, lleguen a aceptar el acuerdo, con nuestra amorosa ayuda, de seguir las inevitables normas exteriores para poder salir, aunque a veces no puedan ser muy comprendidas o incluso cuestionadas, en función de la edad.
  5. Los menores de seis años, suplirán la ausencia de iguales con el juguete, balón o patinete al aire libre y el juego activo del acompañante.
  6. RESPETO: Aquellas criaturas que, por miedo o hábito temporal, no deseen salir a la calle, es importante respetar su tiempo. Y reflexionar sobre los mensajes que han podido interiorizar. Debe ser una invitación. Progresivamente y en general, retomarán su libertad.
  7. Al regreso a casa, es probable que haya protestas y otro tipo de manifestaciones. Es importante, saber escuchar. Tantas semanas de contención, llevarán a más de una explosión emocional como descarga. Estar preparad@s para una eventual respuesta de este tipo, ayudará a no caer en una espiral de malestar.
  8. INDIVIDUALIDAD. Cada criatura, en función de su contexto familiar, su edad, y entorno, habrá vivido este confinamiento según su manera de ser, es decir su carácter. No hay pautas idénticas para la mayoría. Es importante atender a la individualidad de cada hijo e hija
  9. ACOMPAÑAMIENTO: Necesitan comprensión y paciencia de los adultos, que a su vez también han vivido momentos difíciles. Paciencia y dosis de amor es la única receta válida para la totalidad.
  10. Finalmente: Salir a la calle en la infancia y adolescencia, es un DERECHO incuestionable para mantener y desarrollar el equilibrio físico y psicológico.

SIN MIEDO INFANTIL Y CON RESPONSABILIDAD ADULTA.

Que está experiencia sirva de una vez por todas, para humanizarnos y ampliar nuestra conciencia.

Yolanda González.

Presidenta APPSI

El virus, la crisis y el cambio.

Estamos en un momento histórico.

Aunque a primeros del siglo XX, hubo una pandemia que asoló el País con miles de muertos, y aunque a lo largo de la historia de la humanidad, ha habido muchas epidemias, hoy es diferente.

Y lo es porque las condiciones climáticas, económicas, tecnológicas y existenciales, son diferentes.

Un virus, ha globalizado el miedo y la amenaza mundial.

Un virus, nos retira a nuestros hogares, y somos afortunados por tenerlo, frente a millones de personas sin techo ni agua, ni alimentos.

Es una gran oportunidad para reflexionar. Para sentir, para pensar, para valorar lo que tenemos… y somos.

Esta amenaza actual, no debe hacernos olvidar, la crisis medioambiental tan dramática, como es la actual.

La tierra, esta descansando de toda la agresión recibida por la tecnología negligente del ser humano. Hay más aves, delfines y animales, que celebran nuestro confinamiento, como lo demuestran  muchos videos y observaciones cotidianas.

Cuando acabe esta crisis sanitaria, no podemos seguir ignorando que estamos agrediendo a la naturaleza sistemáticamente, mientras ignoramos que los grandes perjudicados, serán nuestros hijos e hijas y las generaciones venideras.

Sabemos que cada mes se producen atentados contra la vida, con miles de especies desaparecidas, mares bañados con plásticos asesinos de cientos de peces, tierras enteras desvastadas por el fuego, la sequía o las inundaciones feroces.

Millones de criaturas sin agua ni comida en el otro lado del planeta, que también es el nuestro, mientras en Occidente continuamos consumiendo y maltratando a la tierra que nos da la vida.

No es casual.

De la misma forma que se maltrata a la naturaleza, prolifera la negligencia hacia los seres humanos: Guerras, genocidio y un largo listado, que podrían realmente sumirnos en una depresión sin salida y ahora están relegadas a un segundo plano por la sobre-información sobre la pandemia.

El lado positivo ante esta crítica situación, es que desde diferentes ámbitos, llevamos décadas luchando por la apertura de la Conciencia humana.

No olvidemos que todo, absolutamente todo, está interconectado como bien conoce la Física cuántica moderna.

Llevamos décadas, luchando por los nacimientos sin violencia, por la crianza respetuosa y empática, por el respeto a todo lo que está vivo sobre la faz de la tierra. Por la vida frente a la insensibilidad y la negligencia.

No es casual.

El maltrato a la tierra, habla de la cruel ignorancia sobre la función de la Naturaleza en nuestras vidas. Habla de la codicia, de la ceguera irresponsable ante las consecuencias en las generaciones venideras.

El maltrato en los partos y en la crianza, habla de la ignorancia profunda sobre la naturaleza viva que somos, y por tanto la mezquina negación ante  nuestra necesidad de ternura, delicadeza y respeto, para desarrollarnos con salud y bienestar.

No es casual.

El acorazamiento de nuestra sociedad, ignora que el cuidado de la naturaleza de la tierra y de la naturaleza humana, son interdependientes.

Somos naturaleza. Como lo son todas las especies del planeta, sus plantas y sus bosques.

¿Hasta cuándo permitiremos tanta violencia contra la vida?

La depresión, desesperanza y otras respuestas, no son válidas para salir de esta crisis global.

Debemos responder.

Podemos ser solidarios y actuar ya.

No podemos esperar a que los propios sistemas políticos solucionen lo que han creado, en complicidad con el sistema capitalista negador y despiadado.

Cada día, en la familia, la escuela, en cada asociación, en cada barrio, en la calle, podemos levantar la cabeza y actuar con coherencia.

Cada día, podemos con nuestros actos, decir ¡Basta!

Queremos una sociedad más justa, más solidaria y una naturaleza viva: AHORA.

Queremos un futuro sano para las nuevas generaciones.

Sin pandemias, si. Pero también sin desigualdades de ningún género, pues la supervivencia de la humanidad, exige ya una mirada de hermandad y solidaridad.

La naturaleza del planeta y la naturaleza infantil, no pueden esperar mas.

LA VIDA, lo reclama YA.

Por que todavía, quizá, estemos a tiempo…

(Texto revisado y actualizado en base al artículo «Naturaleza infantil, naturaleza planetaria»)

Foto de Visit Greenland

Virus y Vida

Son tiempos difíciles para la humanidad. Son tiempos de crisis profunda y de introspección individual y global. Las cosas, jamás serán igual a partir de esta pandemia vertiginosa, como lo es nuestra forma de vida actual.

Un pequeño virus, ha eclipsado el «modus viviendi» de millones de personas y de la economía mundial. Un virus, no clasista, ni sexista, ni racista, y que curiosamente preserva de la gravedad, a la pequeña infancia. Un virus que quizá represente oscuros y perversos intereses de unos pocos, pero que finalmente nos hará testigos de las consecuencias en toda la Sociedad.

Es una gran oportunidad, quizá la más URGENTE, para cambiar. Para mirar a la vida y a la naturaleza, sin prepotencia y con humildad.

Es una oportunidad para superar el individualismo y generar redes de solidaridad sin precedentes ni dirigentes.

Es la gran salida a la ignorancia emocional, la codicia y al vertiginoso sendero de la humanidad hacia el desastre colectivo, si no logramos CAMBIAR.

EL MIEDO, no es el camino. Llevamos siglos perdidos.

El AMOR, es la semilla que siempre estuvo ahí, esperando a ser regada:

Amor a nuestro corazón.

Amor a la diferencia, en su arcoíris de múltiples colores.

Amor, a la tierna infancia.

Amor, a la naturaleza que somos y a la madre tierra.

Amor… a TODA LA VIDA

Naturaleza infantil y Naturaleza planetaria.

Nunca antes estuvimos ante una crisis medioambiental tan dramática como la actual.

Miles de especies desaparecidas, mares bañados con plásticos asesinos de cientos de peces, tierras enteras desvastadas por el fuego, la sequía o las inundaciones feroces. Millones de criaturas sin agua ni comida en el otro lado del planeta, que también es el nuestro, mientras en Occidente continuamos consumiendo y maltratando a la tierra que nos da la vida.

No es casual.

De la misma forma que se maltrata a la naturaleza, prolifera la negligencia hacia los seres humanos: guerras, genocidio y un largo listado, que podrían realmente sumirnos en una depresión sin salida. Afortunadamente, llevamos décadas luchando por la apertura de la Conciencia humana. Llevamos décadas, luchando por los nacimientos sin violencia, por la crianza respetada y empática, por el respeto a todo lo que está vivo sobre la faz de la tierra.

No es casual.

El maltrato a la tierra habla de la ignorancia por la función de la Naturaleza en nuestras vidas. Habla de la codicia, de la ceguera irresponsable ante las generaciones venideras. El maltrato en los partos y en la crianza habla de la ignorancia profunda sobre la naturaleza viva que somos y por tanto, la mezquina negación ante nuestra necesidad de ternura, delicadeza y respeto, para desarrollarnos con salud y bienestar.

No es casual.

El acorazamiento de nuestra sociedad ignora que el cuidado de la naturaleza de la tierra y de la naturaleza humana son interdependientes. Somos naturaleza. Como lo son todas las especies del planeta, sus plantas y sus bosques.

¿Hasta cuándo permitiremos tanta violencia contra la vida?

La depresión y la desesperanza ante esta situación crítica, no resuelve el grave problema que nos envuelve. Desde la consciencia y la unidad podemos revertir, o al menos frenar, esta desnaturalización de la vida. Podemos ser solidarios y actuar ya. No podemos esperar a que los sistemas políticos solucionen lo que han creado en complicidad con el sistema capitalista feroz. Cada día, en la familia, la escuela, en cada asociación, en cada barrio, en la calle, podemos levantar la cabeza y actuar con coherencia. Cada día podemos decir con nuestros actos ¡basta!

Queremos una sociedad más justa, más solidaria y una naturaleza viva: AHORA. Queremos un futuro sano para las nuevas generaciones. La naturaleza del planeta y la naturaleza infantil lo exigen.

LA VIDA, lo reclama YA.

Por que todavía, quizá, estemos a tiempo…

 

Yolanda González.

Presidenta de A.P.P.S.I.

Ser abuela/o en las fiestas navideñas.

Cada, año, en cada grupo de madres/padres, se plantea el tema de Navidades, los regalos, los Reyes sí o no, el consumismo, etc. Estas fechas, son paradójicas. Por un lado, son celebraciones impuestas, en el caso de familias no católicas y por otro lado más allá de la religión, estas fiestas generan la creencia habitualmente errónea, de que una celebración en familia, conlleva «paz, armonía y amor» como lo dicta la televisión.

La realidad es que, con mucha frecuencia, se producen confrontaciones y mucha frustración de la expectativa en la supuesta y obligada felicidad, vendida por una sociedad plagada de intereses comerciales.

Hay familias, pocas, que deciden no entrar en el juego consumista, de forma radical. Otras, intentan cierta mesura en el gasto familiar.

Pero, la mayor dificultad, estriba en la actitud de la familia extensa, ante estos eventos festivos. Especialmente, abuelos/abuelas, tienden a realizar más gastos en regalos de lo que su economía les permite. Pura tradición, para ellos. «Demostración de amor» basada en la creencia de que, a través del ejercicio de regalar, verán «felices» a sus nietos. Nueva frustración: esa deseada Felicidad, es vivida como fugaz, efímera e irrelevante en la infancia, que siente intensamente la seducción de la novedad y la olvida con igual intensidad.

La Navidad es otra presión cultural.

Nos intenta modelar según criterios externos: días de familia «feliz» por decreto social. Y en este entramado social se teje la trampa casi inevitable de los regalos, de la que todos en mayor o menor medida, somos cómplices.

Es difícil que generacionalmente, los abuelos comprendan las sugerencias de algunas/os hijos/as de evitar sobrecargar y saturar a las criaturas con tantos fuegos artificiales. Es difícil que comprendan que tener mucho, no es ser más feliz. Y mucho más difícil, que acepten que la creatividad infantil se ahoga con tanta tecnología frenética y vacía.

Dan lo que no tuvieron. Pero olvidan que lo poco que tuvieron, les despertó el ingenio del juego libre. Ese juego libre que hoy ha perdido la infancia. Esa libertad de jugar y de explorar sin demasiadas normas. Hoy el llamado juego, está invadido por manuales tecnológicos y mecánicos sin alma, ni corazón. Está teñido de aislamiento. De individualidad y virtualidad. De vacío que debe ser compensado con más tecnología…

Sin embargo, hay abuelos y abuelas, no muchos, que por intuición o resistencia intentan jugar, contar historias a sus nietos y recuperar la magia del contacto, de la piel, de la mirada y la sonrisa, más allá de la imposición tecnológica y el consumismo de las fiestas navideñas.

En definitiva, eso es lo que importa.

La Tablet no dejará nunca el recuerdo de la calidez de una abuela o un abuelo que abraza, juega o canta a sus nietos. Ese es el mayor regalo. Y no olvidemos que ese regalo, jamás pasará de moda.

Porque somos humanos y el Amor y solo el Amor, nos humaniza e interconecta frente a este ritmo frenético y enfermizo de nuestra actual sociedad perdida.

Yolanda González.

La vuelta al cole

¿ESTÁ MADURO PARA IR AL COLE?

Durante estas semanas, recibo con frecuencia numerosas consultas sobre el escolarización. 

Son muchas las mamás,  y algunos papás, que dudan de si es conveniente o no llevar a sus peques a un centro educativo, cuando observan llantos, y angustia en estas edades tempranas.

¿Qué hacer? Es la pregunta habitual.
 
Os invito a sustituirla por: ¿qué está sintiendo esta nena de dos, tres añitos, para vivir esta zozobra cada vez que trato de «dejarla» en la escuela infantil?
¿Inseguridad?, ¿miedo?, ¿tristeza ante la separación no deseada?, ¿abandono?
Por supuesto, que no es un capricho. Es un  síntoma, que reclama a gritos nuestra atención.

¿LLamada de atención? 
 
Sí. efectivamente.  Llaman nuestra atención para que les ESCUCHEMOS: «Así, no, mamá».
 
¿Y que ocurre en el adulto?
 
Aparece el conflicto interno: «pero tengo que ir a trabajar». «me han dicho que es bueno para socializarse». etc….Y los consiguientes sentimientos de culpa y dudas dolorosas.
 
Por otro lado, el profesorado, vive una situación de estrés que varía según el grado de sensibilidad individual. 
 
Se indica a los padres, que su actitud es fundamental. Por supuesto que una actitud serena y amorosa, es necesaria. Pero la clave de la respuesta infantil, está en la maduración y preparación de la criatura, para asimilar sin angustia, su primera separación.
 
¿Qué suele ocurrir? 
 
Después de varios días o semanas, deja de llorar. 
¿Se ha adaptado? o ¿se ha resignado? ¿Es forma de empezar una nueva experiencia?
 
Desde la perspectiva de la salud, es fundamental respetar los procesos madurativos infantiles. Es decir, no forzar,ni reprimir, ni ignorar, sus demandas emocionales.
 
Es por tanto FUNDAMENTAL, atender a estas reacciones emocionales que permiten un diagnóstico de la capacidad de la criatura para la separación. 
 
1.Si los progenitores, deciden llevar a su peque a la escuela, deben reflexionar primero, si es una necesidad de la criatura o propia por las razones que fueren.
 
2. Los menores de cuatro años, NECESITAN generalmente (siempre hay excepciones) PERIODOS DE ADAPTACION-INTEGRACION, que varían según su propio ritmo individual.
No es suficiente lo que marca y decide el adulto, sino lo que su proceso interno, requiere para separarse sin miedo ni angustia.
 
3. Debiera haber formación para padres y educadores, en el conocimiento de los procesos madurativos infantiles. Acompañar sin interferir, es la clave para fomentar un apego seguro.
 
Pero esta sociedad estresada. no dispone de tiempo para la infancia. 
 
Y mientras, la Política educativa, ignora las necesidades emocionales de la infancia, mirando para otro lado en lugar de apoyar y crear leyes que apoyen de forma continuada una la maternidad/paternidad  consciente, y saludable. 

Camino de Santiago. Reflexiones

CAMINO DE SANTIAGO:

Camino de fragancias y nubes andarinas.
De aromas envolventes y chispas transparentes.
Camino de soledad acompañada, por sabios árboles y silenciosos senderos.
Camino imperturbable ante cada sensible paso, que permites deslizarme entre la solemnidad de tus bosques.
Hayas, robles, cristalinos ríos y la melodía de los pájaros…

¿Soledad o compañía? 

Querido camino, espejo diáfano de genuina belleza, con sus luces y sombras internas.
Todo lo acoges y todo lo sueltas, disolviendo anhelos y abriendo puertas..
Caminando contigo, el amor y la alegría brotan en mí, sin más expectativa.
Gracias, camino, por hacerme vibrar y despertar ante la maravilla de la VIDA.💐❣

Madre Naturaleza

Y madre hermosa e inteligente de toda la vida en el planeta…¡cuánto estamos haciéndote sufrir! 

Eres ejemplo milenario de generosidad y amor incondicional. ¿Hasta cuándo? 

Mi corazón susurra a gritos:

Quiero mirarme en el brillo de tus mares, limpio de basura e ignorancia.

Quiero abrazarme en tus bosques, libres del maltrato negligente.

Quiero respirar tu frescura y transparencia, sin manchas negras absurdas…

Quiero, madre mía, honrarte y amarte, pues eres madre de nuestros hij@s, y ellos necesitan aprender a venerarte y cuidarte, como dadora suprema de VIDA.

Despertemos del sueño aterrador que ignora que SOMOS NATURALEZA.

Y expandamos el Amor  y el respeto que se merece  la tierra, que nos dio la vida. 

Respeto desde la raíz de nuestra existencia. 
O nuestros hijo@s sufrirán las consecuencias del desamor a la vida.

Por ell@s. Por la tierra. Por el AMOR.

– Yolanda González