¿AMOR o MIEDO?

La elección de la salud o la resignación.

¿Recordáis las ocasiones en las que fuisteis cuestionadas por dar pecho en espacios públicos a vuestras criaturas?
¿O las veces que vuestro pediatra o familia, os recomendó no hacer colecho?
¿Y las veces que el dentista os aseguro que la lactancia materna creaba caries?
¿Y la experiencia de ser acusadas de «mamitis» en escolarización de vuestros peques?
¿Y qué me decís de las acusaciones de malcriar por atender al llanto?

Son muchos los ataques de la visión social oficial, ante la opción de la «diferencia» en la crianza y la educación.
Y, sin embargo, hemos defendido la salud emocional de nuestros hijos/as pese al señalamiento social. Nos ha costado, pero hemos logrado muchos derechos saludables:

  • El derecho al parto natural y a ser acompañadas en el acto de dar vida.
  • El derecho a la lactancia natural y prolongada.
  • El derecho a acompañar los procesos madurativos desde la Empatía y el respeto.

En definitiva, el derecho a la vida.
¿¿¿Y ahora???
¿Qué está pasando ahora? ¿Ya no podemos ser coherentes con estas opciones vitales que defienden la vida y la Salud en la infancia y adolescencia?
¿POR QUÉ?
Por una sola razón:
POR MIEDO.
Miedo inoculado a morir y a enfermar.
Y ante ese miedo bombardeado sistemáticamente, claudicamos y nos resignamos y renunciamos a Sus derechos vitales:
Jugar al aire libre.
Socializarse.
Ser y vivir como niños-niñas y adolescentes.

En definitiva: renunciamos a su derecho a CRECER SIN MIEDO.

Defender la vida, jamás es ser negacionista.
Los virus y bacterias existen.
Ser negacionista, es aceptar el MIEDO como medio de vida y de sumisión a-crítica.
Defendimos el parto natural y la lactancia.
Defendimos la Crianza respetuosa.
Defendemos la vida.
NO perdamos la coherencia.
NO criminalicemos a la infancia como portadores de muerte y enfermedad. Cientos de estudios lo cuestionan.
Seamos coherentes en tiempos de caos y confusión.
La Infancia y la Adolescencia, lo merecen.
NO a la resignación.
NO neguemos el derecho a la vida.
NO somos robots.
La salud, es cuidar el bienestar biológico, Si.
Pero sin ignorar LA SALUD EMOCIONAL Y Social.
Y tanto la salud emocional como la social, están siendo sistemáticamente pisoteadas e ignoradas.
¿Es eso vida?
Ningún virus justifica estos atropellos.
La solución no es el miedo ni la sumisión.
La respuesta está en la Prevención y la salud.
Y sin respeto a su bienestar emocional, y social, sólo hay supervivencia resignada y sometida sin justificación alguna.
La salud y la Prevención, IMPLICA LA DEFENSA DE:

  1. Ratios reducidas y en espacios al aire libre: Redunda en beneficio de la calidad de enseñanza y reduce el paro de profesorado.
  2. Apertura de Parques infantiles: derecho al juego y la Socialización.
  3. Ninguna información debe estar basada en el MIEDO para lograr obediencia.

BASTA DE ATROPELLOS.
POR UNA INFANCIA Y ADOLESCENCIA SANA Y FELIZ.

Yolanda González

Presidenta de APPSI​

¿Cuántas crisis más serán necesarias para cambiar?

Una mirada retrospectiva rápida, permite afirmar que todas las etapas de la historia de la humanidad, están inundadas de mayor o menor sufrimiento en diversas áreas de la vida.

En todas las épocas conocidas, la actitud destructiva del ser humano ha estado presente bajo múltiples justificaciones históricas a través de guerras, colonizaciones, imperialismos, etc. destapándose los rasgos de carácter más oscuros y cuestionables del ser humano: rasgos que entrañan desprecio, poder e ignorancia de unos pocos sobre la mayoría, de los denominados «fuertes» sobre los más «débiles» en aras de ideales perversos que degradan a nuestra especie frente a cualquier otra del reino animal.

Como una realidad y también una forma de paliar nuestras conciencias, miramos los logros de nuestra especie caracterizada por una gran potencialidad para la realización de asombrosas creaciones en todos los ámbitos de la ciencia, la cultura y el desarrollo. La ciencia, nos descubre universos desconocidos y nos deslumbra con sus posibles aplicaciones en todos los ámbitos de nuestra existencia, aunque no siempre respetuosas con las leyes de la naturaleza.

¿Por qué ante tanta potencialidad creativa humana, se contrapone una fuerza tan destructiva, disfrazada de guerras tribales o imperialistas según las épocas? ¿qué ocultas emociones empujan al ser humano a despreciar la Vida en su sentido más amplio?

Podemos quedarnos en este análisis, refugiándonos en un «siempre ha sido así» Pero también podemos ir más allá, tratando de adentrarnos en las emociones humanas que se encuentran en la antesala de los conflictos.

El imperialismo no sólo afecta a los pueblos: También impregna desde hace demasiado tiempo, el mundo emocional de los seres humanos desde la más tierna infancia. En todas las esferas de nuestra vida cotidiana, la llamada razón (demasiadas veces «sin razón), se impone sobre la emoción, ahogando su expresión como vehículo de comunicación. Se presentan como antagónicas, capacidades que son complementarias, en un intento fallido de hacer del niño-a un ser «duro» capaz de afrontar los sinsabores de la vida, ahogando desde la raíz y de muchas formas, su anhelo de vivir.

¿Cuál es el resultado, si observamos el funcionamiento de nuestra sociedad? Salvo gozosas excepciones, en general y con diferentes grados conseguimos un adulto duro que no fuerte, insolidario, que ya no se escandaliza ante tanta destructividad y que se encuentra sumido en la impotencia ante la injusticia y sufrimiento humano.

¿Cuál es el origen?

El carácter de cada uno de nosotros, se forma en los primeros siete años de vida. Durante esta etapa crucial del desarrollo psicoafectivo, se forman las bases de la futura personalidad adulta. La percepción del mundo interno y externo, depende en gran medida, de esos primeros años de vida y de cómo se haya conformado el universo emocional desde el ambiente familiar y escolar. De ahí la importancia de un profundo abordaje preventivo.

Las emociones destructivas, que conllevan desprecio, deseo de poder y humillación de unos sobre otros, tienen su origen en la vivencia de la frustración afectiva durante los primeros años de vida. Los grandes dictadores, tanto a nivel político como a nivel familiar, han sido niños-as desprovistos del más mínimo respeto por sus necesidades de atención, afecto y consideración cuando tan sólo eran unos bebés que reclamaban unos brazos ante su llanto desesperado o unos niños-as asustados ante la autoridad paterna o escolar.

Las revoluciones sociales, son siempre un fracaso sino conllevan una revolución interna familiar, que consoliden los cambios externos. Reproducimos permanentemente, modelos autoritarios o demasiado permisivos pero carentes de calidad humana en ambos casos.

Perpetuamos de padres a hijos, la ausencia de ese vínculo afectivo seguro, a través de la transmisión intergeneracional de patrones educativos poco saludables.  Ese apego seguro cálido y firme, tan necesario en la primera infancia, único antídoto ante la barbarie y destrucción humana.

Sólo preservando el derecho a un desarrollo emocional saludable desde el inicio de la vida y durante la etapa crítica de la infancia, podremos frenar este viaje colectivo hacia la locura. Y para ello, nos debemos de cuestionar profundamente, si nuestro ritmo de vida, nuestras prioridades como padres y madres y educadores, están acordes con las necesidades de los más vulnerables: los niños-as. No se trata de modelar a las criaturas a nuestro ritmo deshumanizante, sino desacelerar el nuestro, conociendo sus necesidades emocionales, para poderlas respetar.

La ciencia, el avance tecnológico occidental, ha cometido un grave error:  abandonar el cuidado de la primera infancia, como única medida preventiva capaz de evitar cualquier desastre posterior a nivel micro-familiar y macro-social.

No se trata de buscar medidas preventivas en la adolescencia, o paliativas ante el maltrato familiar. No se trata de parchear.

Se trata de afrontar en profundidad un hecho palpable:

Nuestra especie está caminando hacia la autodestrucción de su gran potencialidad humana, al mismo tiempo que arrasa el ecosistema del planeta. No podemos ignorar por mucho tiempo más, que existe una alternativa viable, constructiva y acorde con nuestro anhelo profundo de bienestar: partir de la asunción de nuestra responsabilidad como adultos ante los portadores de la antorcha del mañana: los niños-as de todo el planeta, potenciando cambios estructurales profundos y saludables.

Las madres-padres, educadores y sociedad en general, tenemos en la propuesta de la Prevención Infantil, una respuesta reflexiva ante los actuales modelos de crianza y educación, siendo beneficiarios directos los más vulnerables: la primera infancia. Y para ello, es fundamental una formación profunda, continuada y adecuada, en todos los ámbitos que interactúan con la infancia

 

Yolanda González.

Psicóloga clínica.

Formadora  en Promoción de la salud Prevención Infantil.

Presidenta de APPSI

La vuelta al cole

¿ESTÁ MADURO PARA IR AL COLE?

Durante estas semanas, recibo con frecuencia numerosas consultas sobre el escolarización. 

Son muchas las mamás,  y algunos papás, que dudan de si es conveniente o no llevar a sus peques a un centro educativo, cuando observan llantos, y angustia en estas edades tempranas.

¿Qué hacer? Es la pregunta habitual.
 
Os invito a sustituirla por: ¿qué está sintiendo esta nena de dos, tres añitos, para vivir esta zozobra cada vez que trato de «dejarla» en la escuela infantil?
¿Inseguridad?, ¿miedo?, ¿tristeza ante la separación no deseada?, ¿abandono?
Por supuesto, que no es un capricho. Es un  síntoma, que reclama a gritos nuestra atención.

¿LLamada de atención? 
 
Sí. efectivamente.  Llaman nuestra atención para que les ESCUCHEMOS: «Así, no, mamá».
 
¿Y que ocurre en el adulto?
 
Aparece el conflicto interno: «pero tengo que ir a trabajar». «me han dicho que es bueno para socializarse». etc….Y los consiguientes sentimientos de culpa y dudas dolorosas.
 
Por otro lado, el profesorado, vive una situación de estrés que varía según el grado de sensibilidad individual. 
 
Se indica a los padres, que su actitud es fundamental. Por supuesto que una actitud serena y amorosa, es necesaria. Pero la clave de la respuesta infantil, está en la maduración y preparación de la criatura, para asimilar sin angustia, su primera separación.
 
¿Qué suele ocurrir? 
 
Después de varios días o semanas, deja de llorar. 
¿Se ha adaptado? o ¿se ha resignado? ¿Es forma de empezar una nueva experiencia?
 
Desde la perspectiva de la salud, es fundamental respetar los procesos madurativos infantiles. Es decir, no forzar,ni reprimir, ni ignorar, sus demandas emocionales.
 
Es por tanto FUNDAMENTAL, atender a estas reacciones emocionales que permiten un diagnóstico de la capacidad de la criatura para la separación. 
 
1.Si los progenitores, deciden llevar a su peque a la escuela, deben reflexionar primero, si es una necesidad de la criatura o propia por las razones que fueren.
 
2. Los menores de cuatro años, NECESITAN generalmente (siempre hay excepciones) PERIODOS DE ADAPTACION-INTEGRACION, que varían según su propio ritmo individual.
No es suficiente lo que marca y decide el adulto, sino lo que su proceso interno, requiere para separarse sin miedo ni angustia.
 
3. Debiera haber formación para padres y educadores, en el conocimiento de los procesos madurativos infantiles. Acompañar sin interferir, es la clave para fomentar un apego seguro.
 
Pero esta sociedad estresada. no dispone de tiempo para la infancia. 
 
Y mientras, la Política educativa, ignora las necesidades emocionales de la infancia, mirando para otro lado en lugar de apoyar y crear leyes que apoyen de forma continuada una la maternidad/paternidad  consciente, y saludable. 

LOS HABITOS Y LA CONSCIENCIA

Cada año que comienza, unos más y otros menos, desarrollamos buenos propósitos en diversos ámbitos de nuestra vida: salud, trabajo, idiomas, relaciones, viajes…
Sin embargo, el 80% de estos propósitos, suelen tender a desaparecer en las ultimas semanas de Enero, generando primero frustración y más tarde, profundo olvido…hasta las siguientes campanadas.
¿A qué responden estos «olvidos»?
Entre otros factores, es un hecho comprobado, que a los deseos y fuerza de voluntad, se opone habitualmente el testarudo hábito.
Los hábitos, han creado rutas neuronales en nuestro cerebro, generando respuestas cómodas y automáticas de funcionamiento, siendo por tanto, energéticamente mas económicas: tan sólo hay que dejarse llevar.
No es fácil cambiar.
Además de los hábitos, las creencias individuales y sociales, refuerzan una y otra vez nuestro rutinario comportamiento.
El carácter, esa «manera de ser» automática y defensiva, que modela la percepción de ti y de mi y del mundo, engloba y explica, nuestro funcionamiento cotidiano.
Tenemos el regalo de esta Vida, aqui y ahora.
¿Somos felices?
¿Desarrollamos nuestras potencialidades? ¿Somos creativos?
Quiza, nuestros hábitos, creencias y el propio carácter, nos limiten restringiendo la consciencia, para SER.

Ser conscientes de nuestras necesidades vitales, sin supérfluas creencias que confundan el «ser con tener», nos permite expandirnos mas allá de los límites convencionales.

Ser, implica comprender.COMPRENDER que estamos de paso, y que cada minuto cuenta, cada experiencia no es buena o mala sino una oportunidad para aprender a distinguir, lo esencial de lo aprendido como verdad absoluta en la escuela o la universidad.
Ser, implica AMAR. Y para amar, es fundamental saber escuchar, sin juicio ni prejuicio ni dogma instituido.
Amar, es sentir la esencia en cada ser humano, mas allá de su raza, cultura o género y RESPETARLA..
para ello, es imprescindible VER mas alla de los intereses pólíticos, económicos, religiosos o farmacéuticos, que manipulan, enfrentan y dividen a la humanidad.
Ser, comprender y amar tambien a la NATURALEZA, para respetarla profundamente, antes de que nuestra especie sea sacudida de la faz de la tierra por tanta destructividad a los ecosistemas naturales. Olvidamos que no somos imprescindibles para la vida en el planeta, negando la evidencia de que una tierra envenenada y maltratada, nos devuelve un futuro muy incierto…si las vendas omnipotentes y cegadoras de los ojos de los monopolios mundiales no nos han arrastrado a la inconsciencia mas peligrosa de no ver.

Cada consciencia individual, cada asociacion, grupo o movimiento social, son claves para encontrar el camino hacia un mundo mas sostenible, solidario y con futuro para las generaciones venideras.

Es dificil cambiar los habitos, las creencias y el carácter. Sí. Pero es POSIBLE.
¿Qué puedes hacer?
-Comienza en casa, o en la escuela, escuchando a tu peque, o a tu adolescente.
-Aprende a interactuar por consenso, acuerdos o negociacion.
-Dedicales TIEMPO con presencia real.
Eso es Amar. Eso, es generar PAZ aquí y ahora. Ellos dependen de ti y no olvides que son tu espejo.
No bastan los buenos propósitos ni la declaración de intenciones.
Lo que importa, es la acción consciente y responsable: Con la infancia. El planeta. La Humanidad.
Y en definitiva, contigo y la VIDA que eliges vivir conscientemente,
AQUI Y AHORA. Es posible.