Y DESPUÉS DE LA INFANCIA…

¿QUÉ PASA CON LA PUBERTAD Y LA ADOLESCENCIA?

En mis anteriores libros de “Amar sin miedo a escuchar” y “Educar sin miedo a escuchar”, hemos podido comprender, empatizar y respetar los procesos madurativos infantiles, tan esenciales para el desarrollo de la personalidad y el carácter en la etapa adulta. Esta primera etapa desde el nacimiento a los siete años, es crucial, para prevenir posibles trastornos psicosomáticos y emocionales en etapas posteriores. Las criaturas, son el reflejo de la interacción con el entorno, por encima de cualquier cualidad genética o predisposicional.

Es por ello, que la familia, la escuela y la Sociedad, debieran tomar consciencia de lo vulnerable y maravillosa que representa la etapa de la Infancia y las enormes potencialidades que están deseosas de desplegarse ante la vida, si facilitamos los medios para que ocurra. 

Es decir, podemos facilitar o interferir en los procesos madurativos infantiles y para ello es esencial, superar tópicos, creencias y heridas intergeneracionales que se transmiten sin cesar de progenitores a la inocente descendencia, que tan sólo necesita amor y respeto para su desarrollo saludable.

Sin embargo, el proceso de maduración, no se detiene a los siete años. Si bien es una etapa muy vulnerable, por su natural dependencia de las figuras parentales y de apego, y siendo una evidencia que es más inteligente invertir en políticas sociales que garanticen tanto la formación de los futuros padres/madres, como la protección y bienestar de las criaturas en los primeros años de vida, no debemos olvidar que las etapas siguientes, son también importantes.

¿Por qué?

Desde el modelo de la Promoción de la salud y Prevención infantil, contemplamos un perspectiva de “continuum” en el desarrollo psicoafectivo de un ser humano.

El mundo adulto, intenta cuidar la etapa infantil, no siempre con acierto por falta de conocimiento.

Sin embargo… la etapa que transcurre desde los siete años hasta los 12, es bastante ignorada, por ser considerada libre de las turbulencias que algunas personas viven en la interacción con la etapa infantil.

No debemos olvidar, que el ser humano requiere de un periodo muy largo para su maduración, mucho mayor que el resto de las especies.

Y no todo finaliza a los siete años, para aparecer nuevamente la preocupación ante las posibles turbulencias de la adolescencia.

Metafóricamente, el árbol que representa cada nacimiento, requiere muchos cuidados y atenciones, hasta que se desarrolla frondoso o débil, en la etapa adulta.

En mis grupos de madres y padres, es una etapa que también requiere atención, por ser la socialización, la característica más sobresaliente y que necesita igualmente, cuidado y apoyo. Muchos problemas de bullying, aislamiento y depresiones, se observan ya en esta etapa e incluso mucho antes.

La llegada de la adolescencia, no emerge de la nada. Ha habido un enorme recorrido, con alegrías y heridas, que dan lugar a esta nueva etapa tan temida y desconocida. Partiendo de la pubertad, cada vez más precoz, se asoma una transformación extraordinaria: el pasaje de la infancia a las bases de la etapa posterior adulta.

Son muchas las  emociones que se despiertan en la/el adolescente y en igual medida, otras se reflejan en los adultos. Es sorprendente, cómo olvidamos que también fuimos adolescentes. Y es aún más sorprendente, como reproducimos similares temores a los transmitidos por nuestros propios padres/madres.

Habitualmente, la frase más escuchada ante esta nueva etapa de la vida, es: “uy… ¡la adolescencia! Qué miedo me da…”.

Es por ello, que decidí escribir:

Os animo a leer este libro que completa la trilogía. Encontraréis claves y apoyo en el Arte de acompañar a las etapas 7-12 y 12-18 años. La formación debiera ser permanente.

Qué importante es hacernos cargo de nuestras emociones. De nuestros miedos, y de nuestra historia personal, para no transmitirla de forma inconsciente a quien más debemos cuidar y respetar: ¡a nuestro relevo generacional!

Por todo ello, os animo a continuar formándoos en grupos de madres/padres, con lecturas apropiadas que estén bien fundamentadas y fomenten la escucha, la empatía y el amor, por encima de tópicos y creencias o intereses ajenos al bienestar de los que todavía, nos siguen necesitando.

Yolanda González. Presidenta de APPSI

www.yolandagonzalez.org

hola@yolandagonzalez.org